sábado, 31 de octubre de 2015

Historia: Condiciones para ser prostituta en Lavapiés


Confinadas en el barranco de Lavapiés que hoy da nombre al barrio. Estigmatizadas socialmente bajo el tratamiento de rameras o cantoneras, el «viejo oficio» de la prostitución ha tenido sus normas en Madrid desde la Edad Media. Los historiadores sitúan en 1337 la primera fecha en la que un ordenamiento del rey Alfonso XI regula su ejercicio. La villa madrileña era una de las 24 con derecho a representación en el Consejo de Castilla y, por ende, estuvo sujeta a un especial control por parte de este órgano.
Las primeras disposiciones al respecto pusieron principalmente el foco en diferenciar a las prostitutas de cualquier otra mujer, prohibiendo que se ejerciera en la calle. El objetivo no era otro que mantener orden público. Sin embargo, con el paso de los siglos Madrid fue endureciendo su postura respecto a la prostitución. Así, a finales del siglo XVI, con Felipe II como rey, la Villa y Corte estipuló los requisitos para poder ser prostituta. Entre ellos estaba la obligatoriedad de no ser noble, haber perdido la virginidad y ser huérfana o de padres desconocidos. El único límite relacionado con la edad era que las mujeres tenían que ser mayores de doce años. Solo doce.
Además, sólo estaba permitido el ejercicio de su oficio en «casas públicas» burdeles con licencia– y sin dependencia de «rufianes», es decir proxenetas. Asimismo estaba prohibido vestir de manera provocativa con sedas y mantener relaciones sexuales en caso de tener enfermedades venéreas. Todo ello estaba castigado con una pena de cien azotes, la pérdida de todos los enseres y, en el último caso, con el destierro de la ciudad.

Control de la «salud pública»

La autoridades municipales obligaban a los médicos de la Cárcel de la Corte, conocidos en la época como cirujanos, a realizar revisiones en las casas públicas del barranco de Lavapiés. Asimismo, existía la obligación de que cada casa de prostitutas tuviera una «madre» –lo que hoy se conoce como una «madame»– para garantizar el cumplimiento de la normativa, el orden público y el pago de los impuestos a las arcas municipales. Las «madres» no podían cobrar nada más que no fuera por lavarles la ropa, hacerles la comida y permitirles el uso de las habitaciones. Para evitar las peleas, los hombres que acudían a estos burdeles debían dejar las armas fuera.

 http://www.abc.es/madrid/20150725/abci-normas-para-prostituta-villa-201507242129.html

miércoles, 14 de octubre de 2015

Arte: Museo de Orsay revive el esplendor y la miseria de la prostitución a través del arte

Maureen Lennon Zaninovic
Artes y Letras
El Mercurio

La pinacoteca parisina ofrece una mirada documentada y profunda de esta actividad. Desde Manet, pasando por Degas, Van Gogh, Toulouse-Lautrec y Picasso. Todos esos artistas clave del arte moderno se sintieron atraídos por ese mundo, ya sea idealizándolo, caricaturizándolo o, derechamente, condenándolo a través de sus obras más célebres.




Un contundente testimonio visual que evoca el estatuto ambivalente de las prostitutas: desde el "esplendor" de las que brillaron en el mundo del espectáculo hasta la "miseria" de quienes no tuvieron esa oportunidad de reconocimiento público, es lo que ofrece una de las muestras del momento de Europa.
Se trata de "Esplendor y miseria de la prostitución en París, 1850-1910" que actualmente exhibe el Museo de Orsay y que estará abierta hasta el 17 de enero.
Son alrededor de 200 obras de grandes maestros. Desde la "Olympia" de Manet a "Las señoritas de Avignon" de Picasso, pasando por creaciones icónicas de Toulouse-Lautrec, Degas, Van Gogh, Félicien Rops, Émile Bernard y una larguísima enumeración de nombres clave de la pintura moderna.
El título de la exposición es un guiño a la célebre novela de Honoré de Balzac: "Esplendor y miseria de las cortesanas" y alude al complejo escenario social parisino del siglo XIX. Es sabido que hacia 1850 París ya contaba con cerca de un millón de habitantes y dos décadas más tarde -alrededor de 1870- había duplicado ese número. La creciente inmigración del campo hacia la capital cambió de manera profunda las estructuras sociales y comportamientos de esa época. El surgimiento de una clase urbana-trabajadora y el impulso de la industria, también amasó una notable cantidad de dinero y con ello creció la oferta y la demanda por una serie de servicios. En este frenesí de consumo, la prostitución explotó y se convirtió en una actividad bullente.
La prostitución no solo estuvo circunscrita a los burdeles, esta práctica se infiltró por todos los poros de París y hasta comenzó a ser aceptada -de acuerdo a las crónicas históricas- como "un mal necesario para aplacar la brutalidad de las pasiones del hombre".
Los más importantes creadores de esos años (pintores y narradores) sucumbieron ante ella, ya sea idealizándola de manera romántica, caricaturizándola o -derechamente- condenándola. La palabra prostitución fue tan atractiva y evocadora durante el siglo XIX que hasta el poeta maldito Charles Baudelaire sentenció en su diario de vida: "¿Qué es el arte?: Prostitución".
"¿Por qué la prostitución fue un gran 'tema' para los artistas?" se preguntó recientemente en The New York Times Richard Thomson, uno de los curadores de esta muestra y profesor de Historia del Arte de la Universidad de Edimburgo. El académico añadió que si bien en este interés hubo un tema sexual, también hay que citar otras razones gravitantes.
"La ciudad comenzó a avanzar a pasos acelerados. En medio de esta locura, la sociedad parisina se imbuyó en una clima cada vez más comercial, ambiguo y obnubilado por el mundo del espectáculo. ¿Cómo podía uno estar seguro de que esa persona ejercía un determinado rol y no otro? ¿Esa mujer era realmente una cortesana o se estaba ante un error? Ese tipo de preguntas intrigaron y fascinaron a los artistas de esos años", puntualizó Richard Thomson a The New York Times.
¿Una nueva Babilonia?
En el catálogo de esta muestra, Marie Robert e Isolde Pludermacher, conservadoras del Museo de Orsay, sitúan entre el Segundo Imperio y la Belle Epoque el periodo cuando la prostitución se afirma como tema. Prueba de ello son las innumerables obras vinculadas con corrientes tan diversas como el academicismo, el naturalismo, el impresionismo, el fauvismo y el expresionismo.
"La ciudad se encuentra entonces en plena metamorfosis: nueva Babilonia para algunos, 'Ciudad Luz' para otros, y ofrece a los artistas cantidad de nuevas ubicaciones (salones de la alta sociedad, palcos de óperas, prostíbulos, cafés, bulevares...) donde observar el baile codificado de los amores tarifados", comentan estas profesionales y añaden que en la segunda mitad del siglo XIX, "mujeres honradas, prostitutas ocasionales, clandestinas o registradas oficialmente, se mezclan hasta confundirse en el espacio público. Durante las horas del día, cuando cualquier forma de prostitución explícita está proscrita, prevalece la ambigüedad. Estas identidades movedizas, esquivas, fascinan a los artistas que restituyen el clima equívoco del París moderno". Las teóricas del arte consideran que las "chicas públicas" se desvanecen y solo se distinguen "por sus palabras, gestos (al levantar la enagua para descubrir una botina), poses estudiadas o expresiones significativas (sonrisa discreta, mirada furtiva o sostenida), como lo muestran las obras de Boldini o Valtat".
El brillo mágico de las farolas
En el último tercio del siglo XIX, con la liberalización del comercio de lugares de venta de bebidas, se multiplican los cafés-concierto y cabarets. Algunos establecimientos, como el Moulin Rouge o el Folies-Bergère, atraen un público principalmente de turistas extranjeros que acuden tanto para apreciar el espectáculo en la sala, como por la posibilidad de encuentros casuales.
"Lo que me parece más bello de París es el bulevar... A la hora en que las farolas de gas brillan en los cristales, cuando retumban los cuchillos encima de las mesas de mármol, voy paseando por allí, apacible, envuelto en el humo de mi puro y mirando a través de él a las mujeres que pasan. ¡Aquí se extiende la prostitución, aquí los ojos brillan!". Estas líneas escritas en 1842 por Gustave Flaubert ("Madame Bovary") a su amigo, el político francés Ernest Chevalier, describen el espectáculo de la prostitución que ofrece un París transformado por la creación de los bulevares y el nuevo alumbrado urbano.
"Ya sean prostitutas de baja categoría o destacadas cortesanas, las 'bellas de noche' saben poner de relieve sus encantos gracias a la luz artificial, como lo muestran las obras de Anquetin, Béraud o Steinlen. Eligen a propósito detenerse a proximidad de una fuente de luz y juegan con 'el brillo mágico de las farolas' o los enfoques de 'luz cruda' para que resalten mejor sus rasgos maquillados, en la oscuridad. Al exhibirse así a la mirada de los paseantes, la prostitución se hace visible de noche, allí donde de día era discreta", señalan las conservadoras del Museo de Orsay.
Sin duda uno de los artistas emblemas de ese universo fue Henri de Toulouse-Lautrec. Nacido en 1864 y fallecido tempranamente a los 36 años en 1901, alcanzó notoriedad tras inmortalizar los barrios bohemios, la vida nocturna y sus locales más legendarios, como el Moulin Rouge de París. Pintó los bajos fondos y sus habitantes: actores, payasos, bailarinas y prostitutas, con un trazo absolutamente genial y reconocible. Los dueños de cabarets le pedían carteles para promocionar sus espectáculos; y entre otras, Jane Avril, bailarina del Moulin Rouge, fue una de sus musas más celebres. Como es sabido, el alcohol y la sífilis mermaron su salud. Pasó largos períodos en hospitales, sanatorios mentales, para finalmente llegar a casa de su madre, donde falleció.
"Toulouse-Lautrec proporciona, como nadie, un rostro a las prostitutas de su época. No las pinta en mujeres fatales ni en víctimas de la sociedad, sino como mujeres comunes y corrientes, imbuidas en sus actividades diarias", puntualizan Marie Robert e Isolde Pludermacher.
Waldemar Sommer, crítico de Artes y Letras, resalta que -más allá de la polémica o el morbo- hay que centrarse en las obras de la colección y como, muchas de ellas, "rescatan este mundo con bastante delicadeza, con la representación de mujeres que -pese a su condición- conservan su dignidad".
Pablo Chiuminatto, profesor del Instituto de Letras de la UC y uno de los curadores de la exitosa muestra de esculturas de Degas, exhibida en 2011 en el Museo de Bellas Artes, concluye: "Como la vida, los temas artísticos tienen una contraparte. El hecho que desde mediados del siglo XIX la prostitución se vuelva un tópico, es la contraparte de la producción explosiva del retrato burgués y los interiores iluminados por la belleza neoclásica. Esta es la otra cara de la representación del ser humano en el arte, que pasa de la inmaterialidad de la belleza idealizada a aquella real que implica otros aspectos como el atractivo extrañamiento de la fealdad, la decadencia y la trasgresión con la que convivimos a pesar de que no queramos verla"

fuente:  http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=191036

Historia: La prostitución en Al-Andalus


Existen pocos datos sobre la prostitución en Al-Andalus, ya que esta práctica siempre se ha ejercido bajo una doble  y falsa moral, la prostitución era considerada una transgresión de la ley islámica pero siempre estuvo permitida.



Lugares de prostitución:

Los lugares de prostitución en Al-Andalus eran bastante variados, con toda seguridad ventas y tabernas también serían lugares donde se daba la prostitución. En las poblaciones más pequeñas la prostitución se ejercería en las alhóndigas, casas públicas o de mercado para los vecinos, y en las ciudades más importantes existírian locales destinados a este fin exclusivamente, estos lugares eran llamados casas de jarâây.

Estos lugares destinados a la prostitución estarían situados fuera de la medina , en el entorno de las ciudades, y como nos relata Ibn Abdûn, cerca de los monasterios cristianos: "Debe impedirse que las mujeres musulmanas que entren en las abominables Iglesias, porque los clérigos son libertinos fornicadores y sodomitas. Asimismo debe prohibirse a las mujeres francas que entren en la iglesia más que en días de función o fiesta, porque allí comen, beben, fornican con los clérigos y no hay uno de ellos que no tenga dos o mas de estas mujeres con que acostarse."

Como pasaba en el mundo romano el oficio de prostituta también estaba regulado por el fisco, por lo que si una mujer quería ejercer la prostitución estaba obligada a pagar un tributo, además su condición social también era de marginación total, rechazadas completamente en el ámbito público. Aunque se conoce el caso de una famosa prostituta cordobesa llamada Rasis, que formó parte del cortejo oficial de Abd al-Rahmân  III.

Así vemos como Ibn Addûn, nos señala algunas normas que tienen que cumplir las prostitutas : Deberá prohibirse que las mujeres de las casas llanas se descubran las cabezas fuera de la alhóndiga, así como que las mujeres honradas usen los mismos adornos que ellas. prohíbaseles que usen la coquetería cuando estén entre ellas y que hagan fiestas, aunque  se les hubiere autorizado. A las bailarinas se les prohibirá que se destapen el rostro."

Por último mencionar que estas medidas restrictivas respecto a la prostitución variaban bastante segun la región donde te encontrases, así parece ser que en AL-Andalus y el Magreb tenían leyes más restrictivas que en el Oriente, donde las prostitutas se exhibían más libremente por las calles.

Así algunos viajeros musulmanes como el damasceno Iban al-Muyawir y el tangerino Ibn Battuta se sorprrenden de algunas costumbres  en las ciudades musulmanas de Arabia del Sur, como Adén o Ldiq:
La gente de esta ciudad no desaprueba las malas costumbres; más aún, los habitantes de toda la región hacen lo mismo. Compran bellas muchachas griegas y las dedican al vicio, de modo que cada una de ellas, para cumplir, tiene que pasarle un tributo a su dueño. He oído decir que estas jóvees esclavas entran en los baños con los hombres y el que quiere enviciarse lo hace allí mismo, sin que nadie se lo reproche. Me contaron que el cadí de la ciudad tiene varias esclavas dedicadas a esto" -Tazi, t II,p.169; Fanjul y Arbós,  p 382.

Las qiyän: Cortesanas de lujo

Dentro de los límites de la prostitución se encontraba la figura de la tabernera, cantora o bailarina, que aunque oficialmente  no se dedicasen a la prostitución, oficiosamente también ofrecerían servicios sexuales, ya que este tipo de mujeres trabajaban en un ambiente similar al de la prostitución.

Dentro de la tradición musulmana, destacaba el oficio de cantora, las qiyän, esclavas que  habían recibido una educación especial en artes como la música, la poesía, la lectura, la danza, etc.  por lo que eran esclavas apreciadas y cotizadas. Ademas de estas artes desde pequeñas se las instruía en las artes amatorias, convirtiéndolas en una especie de cortesanas de luju, muchas de ellas al servicio  de la Corte para instruir a los hijos de los gobernantes. Dentro de este tipo de prostitución cortesana, también podemos citar las esclavas pertenecientes a las grandes familias, que estaban destinadas por su belleza a una prostitución con menos refinamientos.
Estas cantoras tenían incluso viviendas propias donde trasladaban sus clientes más exclusivos para escucharlas cantar o recitar, y también para tener encuentros sexuales de forma más íntima y reservada 

Como cabe imaginar las qiyãn eran mujeres jóvenes y de extraordinaria belleza, a estas cualidades físicas había que sumar sus exquisitos y refinados adornos y vestidos. Los dueños de las quiyãn las podían "utilizar" de dos maneras, aquellos que las compraban para su disfrute personal, ya sea por sus dotes amatorias o artísticas, y los que las compraban y vendían como un producto comercial, intentando sacar el máximo beneficio económico de estas mujeres.

En cuanto a sus vestimentas, como ya hemos dicho se diferenciaban claramente de las mujeres libres, las fuentes nos hablan de su gusto por las telas y los colores más llamativos, además sus dueños al ser hombres muy ricos les proporcionarían las más exquisitas telas del mercado.

En el estudio que hace Paraskeva sobre la figura de las qiyãn nos habla de una evolución en sus dotes artísticas: en época preislámica sus artes estaban relacionadas con la música, el canto y el baile. Con la llegada de los califas ortodoxos su formación se amplió a otras artes y ciencias, hasta que en la era abasí las qiyãn se convirtieron en mujeres instruidas en todos los aspectos del saber y del arte, desde la filosofía a la poesía, desde el cante a la recitación del Corán, astrología, juegos malabares, teatro de sombras, narradoras de cuentos y leyendas, etc.

Por último, añadir que en cuanto al origen étnico de la qiyãn es tan variado que no podemos establecer que hubiese una etnia o región por la que se decantasen a la hora de elegir a una mujer para estos fines. Por otro lado, los textos literarios también nos muestran toda una variedad de qiyãn en cuanto a su carácter, las hay caprichosas, crueles, bondadosas, descaradas, fieles, etc...

LA FIGURA DE LA ALCAHUETA

Dentro de estas figuras femeninas relacionadas con la sexualidad destacan las alcahuetas, figura de larga tradición en la sociedad árabe, y posteriormente cristiana, ya que la estricta separación de sexos hacía muchas veces imprescindible su labor, para concertar citas y matrimonios. En ambas culturas, tanto cristiana como musulmana tuvo que compartir similares rasgos y características, definida como mujer vieja y entrometida.




BIBLIOGRAFÍA

- Álvarez de Morales, C.; La sociedad de al-Andalus y la sexualidad, Actas del Congreso "Conocer Al-Andalus, Perspectivas desde el Siglo XXI", Sevilla, 2010, pp. 43-73.
   
- Jreis Navarro, L.M; Brujas, prostitutas, esclavas o peregrinas: Estereotipos femeninos en los relatos de viajeros musulmanes del Medievo, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Árabe-Islam; Vol 63, 2014.

- Moral Molina, C.; Arquetipos y estereotipos femeninos a través de la poesía andalusí, Mujeres y sociedad islámica: una visión plural / coord. por María Isabel Calero Secall, 2006, págs. 253-286.

- Paraskeva, Tsampika-Mika. "Hetairas y Qiyan: El arte de la seducción". Miscelánea de estuios árabes y hebraicos. Sección Árabe-Islam. Vol. 59, 2010, págs. 63-90.

http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA58%20Mar.08
fuente: http://historsex.blogspot.com.es/2014/10/prostitucion-en-al-andalus.html



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